Dejando atrás elucubraciones personales y volviendo a la "casa patio", como dicen por estos lares, este post es debido a un conjunto de casas publicado en noticias de arquitectura. En este conjunto de viviendas en Castenedolo, de Camillo Botticini, me ha llamado la atención la palabra "viviendas económicas" por el tamaño de las mismas y la poca densidad de edificación que permiten. Lo que ha llevado a plantearme las diferentes formas y espacialidades que toman este tipo de viviendas dependiendo de su ubicación y necesidades locales.


Según me comentó, la inspiración para sus viviendas la sacó de una imagen publicitaria de los años 50 en la que se veía cómo los habitantes de una casa disfrutaban de una terraza ubicada sobre la planta baja sin necesitar por ello un jardín. Su crítica al sistema parcelario holandés es el deseo de los promotores de vivienda de construir una casa enorme en un terreno demasiado pequeño para ello, por lo que se terminan construllendo viviendas de varias plantas con jardines raquíticos.
Su solución: aprobechar la mayor superficie posible de terreno para construir la vivienda y colocar el "jardín" sobre la misma.
En ellas no se puede negar el diseño holandés ni el echo de que son bastante más grandes que las arriba mencionadas. Tambien es así que John Bosch fué el encargado de hacer el master plan para el Kleine Rieteiland (Pequeña isla de cañas) en IJburg (Amsterdam). Para lo que decidió dividir los solares en pequeñas parcelas alargadas, dejando que cada dueño diseñase (o dejase diseñar) su propia vivienda pero exigiendo una altura de una planta en el lado de la calle aunque sólo fuese de manera indicativa, bien por medio de una viga formando la entrada a la parcela a través de un patio, bien por medio de fachada. De esta manera obligaba a mantener un perfil urbano, sin jardines delanteros que desdibujaran el trazo de la calle.
Personalmente encuentro que esta tipología en Holanda deja mucho que desear, las viviendas se amontonan debido a la densidad exigida, los patios pasan a ser tragaluces grandes sin que dejen entrar el sol o la luz en grandes cantidades y generando un sentimiento de claustrofobia que, cualquiera que conozca una vivienda con patio tal cual debe ser, no es capaz de soportar. Eso si, el objetivo, o mejor dicho, el credo de lograr diversidad tipológica es alcanzado



O Nexus World de Rem Koolhaas, en el que según su publicación en S,M,L,XL el proyecto consiste en 24 viviendas individuales de tres plantas cada una formando conjuntamente 2 bloques de viviendas. Cada vivienda está atravesada por un patio privado vertical que introduce luz y espacio en el centro de la misma.
En la planta inferior un pasillo conduce a cada una de las puertas individuales tras las cuales se encuentra un patio con guijarros blancos. Una escalera continua conduce hasta las habitaciones individuales en la segunda planta y a la sala de estar en la tercera -un salón de estar, cenar, al aire libre y habitaciones "japonesas" en las que cortinas y pantallas generan diferentes configuraciones.
Un muro cerrado y ciclópico envuelve el exterior de los bloques de tal manera que puedan servir, eventualmente, como zócalos para las futuras torres Isozaki. Los tejados de las celdas acupuladas japonesas han sido cubiertos de hierba. Los tejados flotantes de las salas de estar se escabullen de los muros, resonando junto a las montañas que definen la olla entorno a la ciudad.
Cada casa ofrece una variedad de condiciones espaciales y tectónicas contrastadas: cercado versus explosionado, íntimo versus abierto, público versus privado, alto versus bajo, oscuro versus luminoso, concreto versus abstracto.








Hay otro proyecto que, a mucha menor escala, juega igualmente con esa espacialidad basada en la luz. Espacialidad que aunque limitada por altos y cerrados muros blancos consigue crear una intimidad que pocas veces se logra en espacios tan reducidos.
Estoy hablando del proyecto que Alberto Campo Baeza realizó para la casa Gaspar en Cadiz.



Y que, para terminar, no hay nada que lo describa mejor que su propio texto.
MI CASA EN VERANO ES UNA SOMBRA
La casa en el verano es el sosiego, un lugar donde la calma se aposenta, un remanso de paz donde se vuelve.
Mi casa en el verano es una balsa adonde acuden mis naúfragos amigos a desgranar la palabra que conforta, a rescatar el tiempo tan perdido. Nacen allí poemas de la nada, quizás lo más hermoso de la vida.
Pero y ¿ qué y cómo es la casa al fin y al cabo ?
Es una simple y sencilla arquitectura.
Cuatro altos muros bien blancos bien trazados, dispuestos con frugal sabiduría. Con un adentro en sombra bien medida, que con la brava luz porfía siempre.
Un firme suelo de piedra como hallado, como si fuera la tierra que emergiera, dando su apoyo a nuestros piés descalzos.
Y al fondo y en el centro allí excavada, una alberca serena y en silencio, recipiente de un agua casi quieta. Una gaviota perdida allí se baña, sin tocarla ni mancharla, casi nada. Y es que el agua así en la sombra es un espejo, periscopio infinito de los cielos.
Y en sus cuatro claros puntos cardinales, al horadar la piedra en sus entrañas, han brotado lunares limoneros que abren su blanca flor cada mañana.
Es mi casa en verano arquitectura, en el más pleno sentido del vocablo. Huerto cerrado, arcadia, paraíso. Cuatro muros y un árbol y una alberca. Y luz y oscuridad acompasados. Y el suelo fresco de piedra que da gloria. Cielo en la tierra, pues ¿qué es si no la arquitectura?.
Alberto Campo Baeza
Cádiz, verano de 1996. A propósito de la Casa Gaspar en Zahora.


































