lunes, diciembre 17, 2007

Temor a la masa...



Siempre me ha gustado viajar en tren, es una experiencia totalmente diferente a viajar en autobus o avión. Uno tiene realmente esa sensación de "ser viajero": ir paseando hasta el vagón restaurante para tomar algo, mirar una película (si tiene tv), leer a tus anchas literal y figurativamente -porque en el tren curiosamente siempre tenemos más espacio que en otros medios de transporte- o simplemente mirar por la ventanilla esos paisajes que no están divididos por un gruesa linea de asfalto.

Me resulta intrigante ver cómo en cada país se viaja de forma distinta en tren. Así, en España, cuando viajo en tren siento que me puedo "acomodar" para el viaje, los trayectos suelen ser largos entre parada y parada (exceptuando quizás los trenes de cercanías de las grandes urbes) lo que hace que la gente a tu alrededor "se acomode" igualmente, una especie de disfrute colectivo que en Holanda, por ejemplo, no existe.
Aquí ir en tren es lo más parecido que hay a viajar en autobús o tranvía. No importa si te instalas en un tren de cercanías o de largos trayectos, si viajas en hora punta o durante el día, el resultado es siempre el mismo: gente que sube y baja constantemente y a toda prisa, cambiando la cara de tu vecino de enfrente cada dos por tres, llamadas telefónicas, abrigos y bufandas que no merecen la pena sacarse porque en poco tiempo nos encontramos en nuestra estación de destino, patatas fritas con mayonesa en la mesita del vecino, por la mañana trenes abarrotados que te obligan a realizar el trayecto de pié, apretujada entre maletas y maletines, periódicos y abrigos para, a la tarde, volver a pasar por lo mismo.

A veces una realiza viajes memorables, como el de este sábado pasado de camino a Róterdam, un viaje de poco más de una hora. Viaje en el que tuve la desgracia de ir a compartir vagón con un grupo de amigas (ya en los 50 todas) que por lo visto se iban un día de excursión y parecían estar celebrando la Navidad por adelantado. Horror, cuando me dí cuenta ya era demasiado tarde, el tren se había llenado y no tenía escapatoria.

El viaje con el grupo de amigas comenzó de manera inocente, se abrieron botellas de coca-cola, se repartieron vasos y varios tipos de galletas hicieron la ronda entre las ocho amigas seguidas de canciones navideñas. La cosa se complicó cuando empezaron a abrir un par de carritos de la compra que llevaban consigo, correctamente adornados con complementos navideños, y comenzaron a vaciar su contenido.
Lo primero que surgió de esas bolsas prodigiosas fué una cinta plástica con la que delimitaron su territorio -como la policía cuando se ha cometido un crimen en la calle, a la CSI- cerrando el pasillo en ambos sentidos e impidiendo que la gente atravesara ese pequeño espacio que las separaba de sus compañeras. A continuación aparecieron unos gorros con forma de arbol navideño y cabezas de alce con cascabeles que iban y venían, moviéndose al son de las canciones mientras se repartían y abrían regalos, seguidos consecuentemente de escandalosas risotadas, haciéndonos "disfrutar" del espectáculo al resto de los pasajeros. Cosa que tiene su gracia los primeros quince minutos pero que en media hora se convierte en fastidio y a la hora ya pasa a ser desesperación.

De repente me acordé de otro viaje, esta vez Lisboa-Oporto, en el que un grupo de juvilados se subió al vagón que nosotros ocupábamos. Por lo visto las señoras del grupo se habían estado comprando sombreros porque a lo largo del trayecto nos obsequiaron gratuitamente, entre carcajadas y gritos, con un desfile en el que el pasillo hacía la vez de pasarela (¿serán siempre las mujeres las que hacen estas tonterías?).

Para este viaje, Amsterdam-Róterdam, yo me había llevado una serie de artículos sobre la ciudad con intención de leerlos durante el trayecto a la vez que escuchaba mi MP3 -ah ingenua...- y casualmente, en lo poco que pude leer, resultó que un artículo hablaba sobre la tolerancia que desarrollamos los urbanitas ante situaciones de contacto indeseado con el resto de la masa.

Canetti escribía en 1960 en Masa y Poder "no hay nada que le de más pavor al hombre que entrar en contacto con lo desconocido" y continúa "para esto es necesaria la masa en la que nos encontramos cuerpo contra cuerpo, también en el sentido mental, de tal manera que no nos damos cuenta de que quién se nos aproxima demasiado. En cuanto nos entregamos a la masa no tememos su contacto. En el caso ideal somos iguales al resto. No hay ya ninguna diferencia, ni siquiera entre los diferentes sexos. (...)"

¿Se habría encontrado Canetti también en un mismo vagón con un grupo de señoras cantando villancicos?

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8 comentarios:

fmartinezh dijo...

A pesar de esos "contactos indeseados", viajar en tren sigue teniendo una poesía de la que otros medios carecen.

Un día de estos, con un rato y un café, os contaré mi penúltimo "contacto indeseado", en uno de los últimos tramos de la línea Varsovia-Kiev. Pero me llevará un rato, así que lo dejo para mejor ocasión.

Salud.

Alvaro Carnicero dijo...

Trayecto Huelva-Sevilla.

Yo en el andén, y un grupo de tunos tomando cubatas en el bar de la estación. Me pregunto sobre lo oportuno de empezar a beber a las 5 de la tarde en tan singular bar... pues subirse en el mismo tren que yo y en el mismo vagón.

A los cinco minutos de arrancar ya habían empezado a cantar con una copa de fino en el mano, previa invitación al resto del pasaje del vagón (algunos aceptaron).

A los diez minutos, bronca con el revisor del tren sobre la conveniencia de cantar o no en los trenes...

Tampoco lo recuerdo como un mal viaje, la verdad.

Alvaro
www.alvarocarnicero.com

Andrés dijo...

Hola Susana,

gracias por tu (doble) comentario "allá": estoy seguro que, como todas, la "luz de la mañana" del invierno holandés tiene su encanto.

Es muy curioso esa diferencia que señalas entre trayectos de tren donde "te acomodas", y otros donde según cuentas, has de protegerte de "agresiones externas". Yo pensaba que eran todos de la primera familia, pero,no, es muy oportuno lo que dices.

Eso sí, en los trenes españoles, especialmente en los Ave o parecidos, sobra (y mucho) UNA cosa: la cobertura de móvil. "Oye, que estoy en el Ave, que he estado en Zaragoza, no esos, ya sabes, sí, el informe, llegaré a Madrid sobre las 9 -Léase a grito pelado-" La línea Madrid-Tarragona estuvo un par de años sin antenas repetidoras de móvil, y aquéllo si que era la gloria, un libro por trayecto.

Un abrazo y... ¡buenas fiestas! Am

http://andresmartinez.es

Susana Aparicio dijo...

Fernando, ya nos contaras entonces ese viaje que pinta interesante... y tu última experiencia también jajaja. Uno de mis sueños es hacer el recorrido del Transiverian Express... a ver si consigo ahorrar un "poquito" mas...

Alvaro, que español me suena eso... o a turistas de paseo por España, que también suenan así a veces...;o)

hola Andres, huy si, el AVE! ya me estoy preparando el libro que me voy a leer mañana en mi trayecto Madrid-Zgz.
Sobre la luz de la mañana del invierno holandés...si, es muy bonita también. En la oficina tengo una ventana que en mi opinión es la mejor de todo el mundo, no por lo grande o por sus vistas, sino por la luz y los colores que me deja ver todas las mañanas... son increibles.

Un saludo a todos!

Susana Aparicio dijo...

huy... jajaja, ahora he entendido lo del doble comentario... no era la idea, pero bueno, espero que sirva por dos ;o)

Andrés dijo...

Gracias, buenas fiestas para tí también, ;-) Am

Andrés

http://andresmartinez.es

Carlos Martinez dijo...

ja ja ja ja pues que sepas que me he pasado la lectura esperando al final un "y eran españolas"...
Por que querida amiga, en mis viajes por el extranjero siempre me he encontrado esa muestra de españoleo molesto y ruidoso que comentas a ritmo de sevillanas.
Me dá veguenza ajena ese tipo de manifestación de falta de educación de nuestros paisanos.
Que por otra parte tampoco es diferente a la de ellos.

womanasecas.blogspot.com dijo...

Actualmente,los viajes en tren por Argentina, deberían se calificados de IMPERDIBLES. No es que quiera jactarme de exótica pero Ustedes se lo pierden.JA. Más bien es para llorar. Por las dudas cuando se larguen por estos lugares, procuren asesorarse al respecto. En Buenos Aires se utilizan mucho los suburbanos, de lo cuales algunas líneas son extremadamene peligrosas. De viajar por el interior de la República, por favor, evítenlo. Saluditos.