martes, febrero 08, 2005

Mirando en el baul de los recuerdos



El sol pega en la calle y una nube de polvo se acerca desde la plaza de la iglesia, barriendo todas las briznas de paja que las ovejas trajeron a la mañana consigo al salir a pastar entre el bullicio de los perros y el "kina, kina!" de Luis. Pero de eso hace ya muchas horas.

Los perros de caza descansan al fresco de los patios y la única señal de disgusto que dan ante un forastero es cuando levantan una oreja, dejan ver un ángulo de sus dientes y emiten el sonido anunciador de un inminente ladrido que no llegará nunca...hace demasiado calor para realizar esfuerzos.

El pueblo parece dormido, amodorrado, sus habitantes se esconden tras las cortinas huyendo de esa luz cegadora que todo lo quema. Sólo se oye un sonido ahogado detras de una puerta, la de la primera casa de la calle, una casa medio derruida a la que nadie se atreve a entrar por miedo de que se le desmorone encima. Otro ruido, una nuvecita de tierra se escapa entre sus ranuras. Más ruidos, esta vez de piedras removidas, seguidos de una exclamación triunfal.

Son las cinco de la tarde, hora de la merienda, y el sol pega más que nunca. Un grupito de niños sale de un portal, en las manos llevan una revanada de pan con mantequilla y azucar tan grande que tienen que hacer esfuerzos para que no se les caiga. Se sientan en el humbral de la puerta con el cuerpecito a la sombra y las piernecitas llenas de mercromina calentándose al sol, dispuestos a incarle el diente a esa masa dulzona que llevan mirando todo el camino, desde la cocina, bajando la escalera peldaño por peldaño, con cuidadito de no tropezarse, hasta llegar casi a la calle. Todos tienen su sitito, conquistado las últimas semanas tras muchos empujones y codazos.

Pero no llegan a darle el primer mordisco a esa rebanada tan sabrosa, algo les llama la atención. Se quedan mirando fijamente la casa de enfrente, la abandonada, la de los fantasmas. De repente se abre la puerta de golpe y de ella sale una figura cubierta de polvo y tierra agitando algo por encima de su cabeza. Una forma negra, aplastada, como si de cartón fuera se dibuja en el aire esparciendo un tufo inconfundible: un gato muerto!!. Se oyen gritos, ladridos y el bullicio de piececitos corriendo, tropenzándose confundidos.

Poco después la figura mugrienta toma sitio en el portal vacío con una sonrisa llena de dientes blancos que contrastan con su cara sucia y marrón. "Hoy ha sido un buen día" piensa juntando sus trofeos: un gato muerto y cuatro enormes rebanadas de pan con mantequilla y azucar.

11 comentarios:

Pablo dijo...

Muy lindo relato, me remonta a la vida del campo. En fin una gran aventura que no pude y si quisiera poder experimentar. Suerte

Miguel Perez dijo...

Lo que escribes hoy me recordó a Pedro Páramo de Juan Rulfo...por aquello de los fantasma y de la casa abandonada.


Saludos!

Luc dijo...

En mi baul veo la urbanización sin casas abandonadas ni fantasmas. Y muchas casas en construcción, que para los niños es un poco lo mismo.

B_art dijo...

Perdon, se que no viene a cuenta pero la ensalada de pescado es un asunto serio! Me encanta el minimalismo: estoy preparando un post sobre una montanya. Seguira...
Bart

Teresa dijo...

jajajja, muy bueno lo del trofeo, me gustó mucho el relato, en mi baul también hay casas encantadas, entre el asfalto, y en verano todos bajabamos a la calle con nuestro tomate con sal. A veces pienso que nos daban a todos la misma merienda para que no nos pelearemos...
jo, Susana, cuantos recuerdos me has traido!
un beso

Susana Aparicio dijo...

Pablo, bienvenido! si, es en el campo, en un pueblecito al que iba en verano a pasar parte de las vacaciones.

Miguel, no conozco el Pedro Páramo de Juan Rulfo, habra que investigar... ;o)

Guiri, como tu dices, a los niños les da igual que sean casas encantadas o en construccion, se divierte igual :o)

Bart, bienvenido tambien! je... de lo del minimalismo ya me habia dado cuenta... jajaja. Ya tengo curiosidad por el post de la montaña, sera tan largo como el primero? ;oP

Teresa, me alegro haber sido yo esta vez la que te ha traido buenos recuerdos :o). En cuanto a lo de la merienda, estoy segura de que tienes razon! no me habia parado a pensar en eso... jajaja. Un besete!

MrMann dijo...

A mí también me has traído muchos recuerdos que, afortunadamente, revivo cada fin de semana. A pesar de que vivo algo lejos, me llevo siempre que puedo a mis hijos al pueblo donde me crié, porque realmente creo que, para un niño, la experiencia de criarse en un pueblo es increíble. Paradójicamente, también lo es para mí la de ver a mis hijos crecer jugando por donde yo jugué y haciendo las mismas cosas que yo hice. Me conozco mucho mejor gracias a ellos.

Ruthita dijo...

Susana, tu escritura es tan vivo... me gusta ella mucho. Soy escritora, pero solamente en inglés, y cuando leo tus cuentos, yo pienso, algún día quizás que escribiré como ése en español.

Gracias por la historia, que me recordó a las tardes calientes en Yelapa, una aldea mexicana que visitamos una vez. Y gracias por el vocabulario excelente -- llevaré "brizna de paja" como mi "palabras del día" a la clase esta noche.

Anónimo dijo...

hermosa historia, un beso Nina
http://elcuartoscuro.bitacoras.com

Paty dijo...

Tenía rato que no podía entrar a tu blog. Me gusta mucho tu manera de escribir. Saludos

Fabrizio dijo...

Susana: Tienes un potencial tremendo para escribir, me encanta cuando narras cosas asi porque realmente reflejas tu alma. Un abrazo.