Detras de la ventana
Tiempo de despertar. Foto: Paula GrensideEl tranvía y el metro forman parte de mi rutina diaria, dos medios de transporte que te hacen mirar a tu alrededor de formas muy distintas: el tranvía es una ventana a la ciudad, el metro a tus compañeros de viaje.
Es gracioso ver cómo las paradas del tranvía se parecen a la ampliación de un detalle de la ciudad, cómo definen y enfocan tu mirada. "Mi tranvía" sólo tiene cuatro paradas antes de llegar a su destino final: la boca del metro, pero cada una de ellas me muestra un pedacito de ciudad en el que no habría reparado de no ser porque él me "obliga" a escrutarlo durante dos o tres minutos cada día, esos minutos de trajín para otros, de subir y bajar apresurados.
Ahora que ha llegado el otoño y las luces se encienden por la mañana detrás de las cortinas y escaparates iluminando la calle, nos muestran las fachadas parte de sus secretos. Es así como cada mañana veo, en la segunda parada, una figura recortada contra la máquina tragaperras y la barra del bar, sentada junto a la mesita que da a la ventana, tomándose un café mientras el camarero hecha unas monedas haciendo que cascadas de color se desprendan a su espalda. Cada mañana, a la misma hora, está ahí, cada mañana el camarero y ella. Y cada mañana a la misma hora hay alguien tras la ventanilla del tranvía mirando en su dirección... qué más se verá desde ese lado de la ventana?...
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Etiquetas: cronicas urbanas






















