lunes, diciembre 20, 2004

Cuando los recuerdos se vuelven sensanciones



Ahora, justo a unos días de partir a mi punto de origen, es cuando más estoy pensando en ella, en mi ciudad, en mi tierra, el resto del año está ahí también pero como diluída en una neblina que no se deja dislumbrar del todo. Sin embargo ahora, a unos días de partir, me vuelve a la mente con una fuerza extraordinaria y los recuerdos se acumulan en mi cabeza, empujándose unos a otros y abriéndose paso a trompicones.

Esto es algo que me pasa siempre que estoy a punto de salir de viaje, ya sea por unas semanas o unos días, imágenes de momentos vividos o por vivir me pasan como en cinemascope por la retícula cuando me quedo con la vista fija en un punto, perdida en mis recuerdos.

Esta mañana, de camino a la estación central, mientras miraba las gaviotas planear contra el cielo azul celeste, limpio y frío se me ha venido a la memoria un mismo cielo surcado de estorninos dando vueltas y chillando sobre "el parque". Ha sido entonces cuando ha aparecido de un codazo la imagen de los castaños del mismo parque, con sus hojas rojas esparcidas por el suelo y su olor a humedad en "las pajaritas", sitio de juegos y encuentros de mi niñez y juventud, para dar paso de un pisotón a la mañana del 24 de diciembre.

No sé como surgió la costumbre, ni cuando comencé el ritual, pero todos los años cuando estoy en Huesca voy la mañana de Noche Buena a Abiego con mi padre. Mi madre se encarga de comprar, poco antes de salir, mariscos y almejas a "su pescatero" para llevárselos a mis tios. Y con este paquetito de "frutas del mar", como los llaman en Francia, atravesamos orgullosos los 32 km que nos separan de este pueblo del Somontano, cruzamos paisajes tan familiares que incluso los puedo ver con los ojos cerrados: las calles de Angüés, con su panadería, el puente del río Alcanadre, el paisaje fluido y lleno de colinas con bosques de carrascas, los colores verdes musgo y profundo que se suceden de ocres y amarillos, las curvas del desvío que llevan a Abiego que tantas cosquillas me han ocasionado en la tripita... y al doblar la última de ellas nos encontramos con este pueblecito de poco más de trescientos habitantes encaramado a uno de los muchos pliegues del terreno.

... Como echo de menos esas ondulaciones ... pienso mientras observo el paisaje llano y cubierto de escarcha desde la ventana del tren y vuelvo a sentir de repente las mismas cosquillas en la tripita que cuando era pequeña y mi padre tomaba una de esas curvas a toda velocidad.

12 comentarios:

nacho dijo...

Una de las cosas que envidio de los que estais fuera de vuestro lugar de origen es la posibilidad de volver. Sobre todo, en Navidad.
Para mi casi no hay diferencia entre un día navideño y cualquier otro, así que he decidido irme a Amsterdam mentalmente, llenarme de unas ganas terribles de volver a mi pueblo y regresar a disfrutar con los míos.
A veces internet (y alguna maravillosa gente que lo habita) sirve también para eso.
Feliz Navidad, mañica.

Fabrizio dijo...

Susana: Te entiendo perfecto, a mi em ocurre algo similar con mi tierra, en estos dias se añora. El estar con la familia y repetir ritos. Hermoso tu post, habla de tí no de frios edificios y técnicas arquitectónicas. Me encantó.

Teresa dijo...

que bonito Susana, y que emotivo, yo vuelvo para Barcelona y aunque está mucho más cerca también se me amontonan los recuerdos, lo del cinemascope, vamos, esa sensación no se podía describir mejor...

Luc dijo...

Yo, el 24 de diciembre, viajaré en tren de Bruselas al Mar del Norte, disfrutando del paisaje llano (y posiblemente cubierto de escarcha) que tanto echo de menos en Catalunya. Es lo que confirma que he vuelto a mis origines y es el único lugar donde puedo pasar los días de Navidades sin caer en la depresión. Añoranza (heimwee)? Quizás, aunque no podría afrontar el viaje sin saber que a principios de enero volveré a casa, es decir a Barcelona.

Susana Aparicio dijo...

Nacho: bienvenido a Amsterdam entonces! jajaja, ya me contaras como ha sido la vuelta... ;o)

Fabrizio: un gusto volverte a ver por aquí!! me alegra que te haya gustado :o) pero me temo que mas tarde volvere a la carga con los edificios frios y tecnicas de arquitectura... jajaja

Teresa: pues vaya! yo que te iba a proponer que nos encontrasemos en algun cafecito en Zaragoza... que se le va a hacer, otra vez sera, porque no te creas que te vas a librar tan facilmente de mi jeje

Luc (guiri): Buen viaje! me hace gracia el pensar que estamos haciendo el mismo trayecto pero alreves, a ver si nos vamos a cruzar y todo!

Magda dijo...

Susana ¡Que bello mensaje! tiene de ti, de tu sentimiento por algo totalmente entendible. Yo tengo muy cerquita a la ciudad de México y sin embargo ¡la añoro!

En estas fechas se agudiza todo, pero a la vez es bello venir, y leer estas palabras que llenan de emoción.

Muchos abrazos para ti.

Teresa dijo...

Susana, depende de los días que te quedes, yo vuelvo el 27 por la noche, y si no para la próxima, tenemos un café pendiente!

Roberto dijo...

Hola!!
es una hermosa tradicion, que tengan una buena caminata. Un abrazo

jAz dijo...

Hermosos recuerdos los que guardas de tu niñez, además de desearte felices fiestas he de decir también ¡Felices recuerdos!

MrMann dijo...

Qué bonito recorrido...
Siempre he pensado (que me disculpen todos...) que donde no hay vino ni olivos no hay civilización...
Y en el Somontanto la vid y la olivera son milagro, sobre todo cuando uno se da la vuelta y ve el pirineo nevado a sus espaldas, el milagro que prueba que la vida siempre termina venciendo a la muerte.
Adán y Eva vivían al este del Edén. Y, si estás en Huesca, el paraíso se encuentra al este..
El río Alcanadre. Los buitres dando vueltas en el cielo. El pirineo nevado, a tus espaldas. El Somontano, que siempre parece el lugar donde todo empezó, a la espalda la montaña, la caverna, y si miras al sur, el desierto que te llama y que te espera.
Mirando al desierto.

Fabrizio dijo...

Susana: Un abrazo y un buen inicio de año. espero que ya hayas regresado.

Anónimo dijo...

Vamos por partes:

Muchas ciudades, y entre ellas Amsterdam, están realmente bellas en Navidad. Mágicas. Aunque le duela a los no materialistas como tú y yo (que no lo eres). Pero es como el encanto de una mujer vestida de noche. No es bella por eso, pero deslumbra.

Y lo otro, que no recuerdo quién lo dijo, pero era algo así que como los marineros extrañan al oceáno así añoran los montañeses sus cumbres...

Pues, eso, que feliz 2005, y que un estrujabrazo aquí esperando a tu vuelta.

;-) Sergi

http://blogs.ya.com/alasdealbatros