miércoles, noviembre 07, 2007

la cara oculta de la imagen

Hong Kong 2007 . Foto: Yuit Yin Samuel


A veces recibimos una imagen inesperada, leemos un texto que no habríamos asociado a la imagen en un primer momento, haciéndote parar a pensar en la cara oculta de la poética.

Hace unos días recibía, entre otras, la foto arriba publicada de mi amiga Yuit Yin que había estado de viaje por Hong Kong. La imagen me cautivó, tiene algo etérico que te trasporta a lo que claramente se encuentra al otro lado del mundo.
Quizás sean los colores, el que esté un poco “quemada”o incluso el desenfoque de sus bordes lo que le da ese toque irreal. Quizás sea que se encontraba entre todas esas fotos –ya tan conocidas- de rascacielos masivos y amontonados, de los que casi es imposible fotografiar la base y el tejado a la vez. Quizás sea porque de repente se me llenó la pantalla de espacio y construcciones endebles. O, quizás, sea la imagen de esas dos personas “disfrutando tranquilamente” de una taza de té en medio de un paisaje de fantasía lleno de escaleras que llegan al agua esperando el amarre de una lancha, haciendo surgir la pregunta de cómo estará organizada la estructura barrial, qué sucedera detras, ¿habrá calles o estarán las casas espalda contra espalda?

En pocos segundos se me llenó la cabeza de imágenes surgidas de la lente del cineasta Wong Kar Wai y de la película “Still life” (“Sanxia haoren”) del director de cine Jia Zhang Ke... un placer para la vista (la película, claro). Siendo ésta última un placer contradictorio ya que en ella se muestra el desmantelamiento de parte de una gran ciudad que va a ser inundada por la creación del embalse más grande de China (y seguramente del mundo). Imágenes realmente bellas que a su vez dejan ver la cruda realidad que viven miles de personas, obligadas a dejar sus casas y buscar otro techo, situaciones precarias de trabajo en las obras donde nunca se ha debido oir hablar de “la seguridad en el trabajo”. Una realidad con la que se enfrentan diariamente millones de personas.

Pero “mi” foto parecía estar exenta de todos estos problemas... hasta que leí el post de Juan “Entre Madrid, México y Dubai”. Entonces me vinieron otras imágenes a la cabeza, esta vez me apareció la película “Shower” (El baño), de Zhang Yang, en mente: Utongs que eran destruidos para dar paso a la “modernidad”, el estres urbano frente al ritual ancestral del la tradición cultural.

¿Serían estas casitas restos de una ciudad deborada por las topadoras y andamios? ¿o son el resultado de esto último?.

Escena de la película "Still live".


A esta pregunta Yuit Yin no me ha sabido dar respuesta, como todo comentario me ha dicho “son más ricos que nosotros”... Respuesta un tanto espiritual que no me sorprende nada viniendo de ella pero que no ha satisfecho mi inquietud, sino que aún la ha hecho más fuerte: ¿hay grandes diferencias entre lo uno y lo otro?, ¿realmente vemos la ciudad (la que visitamos, la que vivimos, la que leemos) tal y como es o modificamos nuestra visión según nuestras necesidades y espectativas?.

Si a finales del siglo XIX y durante los comienzos del XX fueron los viajeros los que difundieron mediante el género literario el turismo de las masas e impulsaron en gran parte el estudio de “la historia de la arquitectura", adecuando el pasado al ámbito socioeconómico y cultural del momento, posiblemente sean ahora las diferentes fotografías y videos digitales distribuidos por internet los que nos den una nueva imagen, si bien un tanto distorsionada, del mundo actual y su pasado más o menos reciente. Imagen reforzada por la información relámpago y superficial que parece afectar a la mayor parte de los medios de comunicación de esta época.

Y es a través de estas imágenes que formamos nuestra idea de ciudad: vemos el Manhattan de Sex and the City y pensamos que todo Nueva York es así, vemos IR y pensamos que todo Chicago es como el "down town". Recorremos con la mirada la guía turística de Amsterdam y creemos que todo son canales y edificios del siglo XVII en adelante, abrimos una revista de arquitectura y pensamos que en Holanda es común, e incluso está permitido, construir las viviendas y edificios que allí vemos. Pensamos en China y según nuestro humor o lo que estemos leyendo vemos ante nuestros ojos esos laberintos de rascacielos o sus templos.

Sin embargo es curioso ver como se repiten los patrones a la hora de viajar y observar la ciudad. Ya en 1905 Edith Wharton escribía "durante siglos ha estado de moda tener sólo en cuenta una ciudad que prácticamente ha desaparecido y cerrar los ojos ante otra que está viva y es real" (Wharton, Edith, Italian Backtrounds, Londres 1905, 1928). Wharton se refería a la Roma antigua, visitada por turistas británicos ávidos de cultura e historia, ignorando e incluso despreciando la Roma de sus contemporaneos.

Con esto mismo nos encontramos actualmente cuando viajamos para ver las ciudades "como fueron" en otra época, ciudades "que hay que ver" -según los programas televisivos de viajes, series o películas- pasando por alto las ciudades tal cual son, tal y como se viven hoy en día... a excepción de aquellas obras tecnológicas y de arquitectura actual que también "hay que ver para estar a la orden del día", por supuesto, o los lugares de ocio con sus típicas zonas de salida: las tapas españolas, el café italiano, los croasanes franceses... estereotipos de ciudad y formas de vida que tenemos adheridos a nuestro pensamiento.

¿Qué hay detrás de una imagen, de su poética, más allá de lo que nos quiera mostrar su autor (o no)?, ¿qué vemos cuando miramos a nuestro alrededor?, ¿qué queremos o esperamos ver?.

Preguntas que me hacen ver esa foto de formas diferentes, pero sin hacerle perder su encanto inicial...
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6 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy interesante tu post, Susana.

La primera foto es preciosa. ¿Sabes lo que tiene? La textura, el sabor, la calma, lo que aquí en cataluña llaman el Caliu -algo así como la calidez- de un sitio doméstico vivido y una arquitectura genuina... para donde se coloca.

Me recuerda mucho a las fotos, tan bien escogidas, que publica Christopher Alexander en su indispensable "A Pattern Language".

Esa visión reduccionista de las ciudades que se visitan tienen que ver, creo yo, únicamente con la velocidad a que se viaja: el concepto del "weekend abroad", que es tan palpable aquí en Barcelona: la gente se coge un avión por dos duros en, digamos, manchester, aterriza en El Prat, se da un rulo por las ramblas, otro por la ruta Gaudí en un autobús de dos pisos... y creen que conocen ésto.

Eso sí: no han parado de hacer fotos; cuando la gente mira lo que visita a través del visor de una cámara digital más que con sus ojos... algo no funciona.

Yo reivindico recuperar la calma al viajar: no es tanto ir despacio como ir el tiempo necesario. Abusando de la teoría de la relatividad de Einstein, es algo así como... "a cuanta más distancia se encuentra el destino, más tiempo merece de visita". Saludos cordiales, y que sigáis bien. AM

Susana Aparicio dijo...

Hola Andres!
Estoy totalmente de acuerdo con que esos fines de semana relámpago no son lo más indicado para conocer una ciudad y que lo mejor es tomarse el tiempo para ello.
Personalmente no creo que nuestra forma de viajar actual sea la mayor causante de esta forma de “conocer y ver” los diferentes lugares, que influye seguro. Yo creo que tiene más que ver con nuestra predisposición a lo que “hay que ver” y “queremos ver”.

Si que es verdad que la velocidad (relativa) en la que nos movemos actualmente y nos podemos desplazar a cualquier parte del mundo evita que de otra manera el viajar se vuelva algo elitista como sucedía a principios del siglo XIX cuando los aristócratas ingleses realizaban el Grand Tour. Un viaje que, porcierto, les llevaba entre dos y tres años realizarlo. Sin embargo esto no significa que “viesen” más de lo que se ve hoy en día.
Con esto quiero decir que lo que vemos o experimentamos no se limita sólamente a un viaje, a una imagen estática (fotográfica) o mediática (películas, documentales, videos caseros), ya que el objetivo de la cámara y hacia dónde se dirige nuestra vista al observar está condicionado, o incluso limitado, por unos cánones culturales más o menos impuestos. Piensa en el mundo del arte o el de la arquitectura, en como su concepción y valorización ha ido evolucionando a lo largo del tiempo... y más aún hoy en día, estando nuestro entorno saturado de imágenes e información.

Es por todo esto que me pregunto hasta qué punto somos conscientes de lo que vemos y la influencia que tiene nuestro entorno (socioeconómico, cultural, político...) cuando “miramos”.

Un saludo y gracias por el comentario, siempre resulta interesante dialogar contigo

Anónimo dijo...

Puesssss.... ¡peor me lo pones! Lo que vienes a decir es que este reduccionismo a la hora de viajar no es a causa de otra cosa que de... un empobrecimiento cultural; tienes razón: pero también el viaje relámpago... ¿no tiene algo de lo mismo -empobrecimiento cultural-? Gracias (también por el comentario sobre bodegas) y hasta pronto. AM

Susana Aparicio dijo...

Jajaja… no, no creo que hayamos tenido -en lineas generales- nunca una amplitud cultural tal como para decir que ahora hay un empobrecimiento. Lo que vengo a decir es que ese reduccionismo ha estado siempre presente a la hora de viajar, pero el objetivo se ha ido modificando con el tiempo.
Tampoco se si esos viajes relámpagos son un empobrecimiento, depende de cual sea el fin del mismo. Yo soy de la opinión de que para conocer un lugar (ciudad, país), o mejor dicho: para empezar a conocerlo y entenderlo, necesitas pasar en él como mínimo un año. En ese sentido con un fin de semana largo no vas a ver ni el comienzo.

Pero insisto, lo que me tiene en vela es cómo interpretamos esas imágenes que se nos quedan grabadas en la retina y si somos capaces de pasarle un filtro.

Un saludo!

Anónimo dijo...

Por meter mas, yo diría que viajar en avion no es viajar. Para mi el ir asimilando a poquitos el paisaje es fundamental antes de llegar al sitio.
Sobre las imagenes.....mientras no me pongan a "la tia Encarna" siempre delante de todo....
Ya en serio, me gusta dar idea del todo a partir de lo minimo. No quiero hacer postales con todo dentro....Y sin descuidar los interiores, y los detalles. Por ejemplo: la ropa tendida, solo las rejas, los jardines, etc...

Susana Aparicio dijo...

Hola Carlos! Pues yo sigo encantada con el avion :o), no tengo ni que pensar que cada vez que vamos a Argentina (por ejemplo) tenga que hacer todo el camino en barco y en coche antes de poder recorrer el país en cuestión...de esa manera no llegaría nunca, notengo tantas vacaciones...

En cuanto a lo que dices sobre la imagen estoy totalmente de acuerdo contigo, una buena imagen es como una buena película, no hace falta que se explique todo para poder entenderla.

Un saludo!