jueves, octubre 28, 2004

Despertares


Carlos Pardo

Estaba leyendo el post de "calles desperezadas" de Puzzle y me llamaba la atención lo parecidas que son todas las ciudades a esas horas... y más en las mañanas de otoño con su neblina gris y sus calles mojadas, en las que parece que todo el mundo se ha puesto de acuerdo para ir vestido con colores que no son colores y caminar con pensamientos en la cabeza que todavía no son pensamientos.

Y he seguido pensando en esas mañanas en las que voy de camino a mi trabajo y sólo me cruzo con la sonrisa de la repartidora de periódicos de la estación (a la que ya hace mucho que no veo, por cierto) mientras una masa de gente homogenea se mueve como si de una sola ola se tratase.
Y he visto otra vez, y por un sólo momento, las luces matutinas de las bicis reflejadas en los charcos salpicados.
Y subiendo la mirada me he encontrado con esas caras de frío ocultas tras unas bufandas que sólo dejan ver las dos ranuritas que se supone que son dos ojitos somñolientos.

He recordado a todos esos hombres en traje y mujeres que charran animadas tomando su primer café de la mañana en el Café Nero y a los que miro con envidia desde la ventana de mi tranvía. No hay mejor manera de comenzar el día que tomando un cafecito en algún lugar perdido de la ciudad, sabiendo que te estas tomando un tiempo que no tienes pero por el que nadie te va a reclamar.
He recordado a todos esos pasajeros de tren que se sientan frente a mi cada mañana con sus ojos fijos en el periódico de mi repartidora, aislados del mundo y, paradójicamente, trasladados a otros muchos, sumerjidos en una lectura que olvidarán al atravesar la puerta del tren para dirijirse a sus oficinas.

Y así y todo, con mis pensamientos perdidos en una nubecita gris no he podido evitar el decir: Que bonitas son las mañanas de otoño!

6 comentarios:

Teresa dijo...

Un escrito precioso, está lloviendo, pero después de leerlo hasta me apetece salir ya a la calle.

Fabrizio dijo...

Definitivamente, las ciudades se parecen pero difieren tambien. Tal vez porque en México no se marcan tanto los cambios de estación y paradojicamente en estos dias está haciendo más calor que nunca (En julio y agosto se la pasó lloviendo y con frio), el sol brilla y la temperatura es tibia, aqui nunca hay un calor agobieante como el de mi tierra, tal vez por eso no haya sentido esa tristeza del otoño. Tal vez porque los colores son más brillantes, la gente más alegre.
Pero tu forma de escribir, como siempre, me deja un sabor de boca mejor que el que me dejaría ese cafecito que mencionas.¡Excelente!

arte-sano dijo...

Que bien, te leo y me leo a mi un poco, cuando viajo en el tren y mira la gente perdida en sus burbujas. Y me detengo a veces a disfrutar de los espectaculos pequeños de los rayos de sol, de la lluvia, del cielo, cosas que pasan tan desapercibidas.

Anónimo dijo...

Es que es verdad. Qué bonitas son las mañanas de otoño; y las tardes. Huele distinto ahora. Tampoco hace mucho frío. la luz muy agradable. Me gustan las hojas naranjas. Además, el que estén en el suelo te deja ver mejor el cielo. Y te entra más luz en casa. En Ámsterdam son muy bonitos los otoños, Susana.
Saludos de la Pepa
http://amsterdam.blogia.com

armando dijo...

acabo de viajar a una ciudad soñada gracias a tu post.. que te vaya bien ;).

P.S. dijo...

recién te descubro, muy buen sitio, desde buenos aires, un abrazo