Cuestion de costumbres

Todos los días, al volver a casa del trabajo, no puedo evitar el hechar un vistazo por la ventana de la cocina del vecino del nr. 49. Tengo que aclarar que la cosa no es dificil, aquí en Amsterdam muchas viviendas tienen una parte en el "sótano" con ventanitas que dan a la calle y que quedan a la altura de la rodilla, la ventana de la cocina de mi vecino es una de estas.
Como através de esta ventana se mira hacia abajo, estando en la calle, la vista que tengo es siempre de las baldosas de la cocina, las sillas y la mesa que tienen junto a la encimera. Y es esa mesa la que me tiene fascinada... por las mañanas no se atisva ni rastro de movimiento en la casa pero por la tarde... a eso de las seis... siempre hay sobre el mantel de plástico a cuadros blancos y azules una tabla de quesos acompañados de una botella de vino, a veces los quesos son sustituidos por fiambres y el vino por cerveza. La mesa está iluminada por una lámpara que no llego a ver y junto al queso... unas manos sosteniendo un periódico.
Nunca he visto el rostro que corresponde a esas manos, en mi imaginación le he aplicado el de un señor de cincuenta, casi sesenta, años y pelo gris. Cuando sólo es una mano la que sujeta el periódico me imagino la otra ajustando las gafas sobre la nariz. Como ya he dicho nunca he visto su cara, ni querría verla, seguro que no corresponde con la de mi personaje y perdería la gracia ver cada tarde esas manos sujetando el periódico junto a la tabla de quesos.
"Es gracioso ver que siempre se toma la misma picadita a la misma hora" le digo a Juan mientras nos tomamos el café con leche y la tostada de las seis y media.
Etiquetas: cronicas urbanas















