jueves, enero 06, 2005

Allí donde el tiempo hace acrobacias


Huesca, con su catedral del siglo XII recortándose por encima de las casas amontonadas del casco viejo, adornadas con ropa tendida y las inevitables antenas parabólicas.


Una de las razones por las que me gusta volver a Huesca es porque, a mis ojos, parece que se haya detenido el tiempo y sigo reviviendo momentos pasados y viendo la ciudad con las gafas del recuerdo a pesar de las nuevas construcciones y ampliaciones que sufren sus calles.

Sin embargo este año me he dado cuenta de que el tiempo también hace sus cabriolas en la ciudad de mi niñez (y adolescencia). Uno se los signo que me mostró con un guiño de ojo fué impactante: recuerdo que en los meses de junio y julio nos llamaba la atención, a mi amigas y a mi, la cantidad de mujeres embarazadas que caminaban por la calle y nos preguntábamos si la razón era que la ropa de verano dejaba más a la vista esas redondeces tan típicas de las mujeres en estado o si es que en los meses de invierno las actividades amorosas eran más populares que en otros. Entre risas y jolgorio nos dábamos codazos mientras deciamos "otra!" al cruzarnos con una de las "víctimas" por la calle. Y esta vez, en la reunión de todos los años para celebrar el comienzo de uno nuevo me dió la sensación de haber llegado al punto en el que el tiempo hace un tirabuzón como en la montaña rusa: ese punto en el que te encuentras antes de que el carrito se ponga boca a bajo y te entren cosquillas en la tripa para después acabar en mismo punto pero con la cabeza dándote vueltas.

Si los codazos y las risas habían sido el momento antes de iniciar la vuelta al caracol, la comida del 2 de enero con mis amigos, rodeados de niños y bebés me indicó que ya se había terminado esa primera vuelta. Trozos de mesas vacíos con vasos, cubiertos y platos llenos de comida amontonados a una distancia prudente de las manitas de Daniél; un silla vacía y un poco más alla Piluca dándole de comer a Pablito que, sentado en un sillón, miraba la tele; Javier en la cocina meciendo con una mano el carrito de Javier junior para calmarlo y con la otra el de Manuel por si se despertaba; María tirando de mis medias por debajo de la silla, pidiendo atención para desviar las miradas de su hermanito que con su mata de pelo al rojo vivo nos tenía a todos absortos. Todo esto me dió a entender, de pronto, que los años también pasan en esta ciudad donde todo parece seguir en el mismo sitio en el que lo dejé al marcharme.

Y sin embargo, aunque el tiempo también haga de vez en cuando (y sólo de vez en cuando) alguna de sus cabriolas en Huesca, situándonos inesperádamente al otro lado del cristal, la ciudad nos mira impávida como diciendo "vosotros os marchareis, otros recorreran mis calles y yo seguiré aqui, viendoos pasar, vistiéndome según las modas pero seguiré aquí".

7 comentarios:

MrMann dijo...

Sí, ¿no es terrible? la gente pasa, viene y va, nace... y muere. Pero la ciudad sigue ahí. Aparentemente.¿No es terrible pensar que te sobrevivirán las piedras? Porque, si le quitas la gente que ha sido, es (y la que será, que ya está aquí, aunque no la conozcamos. Alguna de esas embarazadas llevaba en su vientre a los grandes hombres y mujeres de la próxima generación, pero tus amigas y tú no lo sabíais...) Huesca no es (aparentemente) sino un montón de piedras. O no. Porque la ciudad no es lo que tú ves. No es ni lo que ves, ni lo que fue para ti hace años, ni lo que será cada vez que la mires. A través de las piedras corren mil ríos de pensamiento, mil canales de comunicación, se tejen mil redes de historias que conectan Huesca con Amsterdam o con vete a saber qué... y tú ni siquiera lo sospechabas. Quizás muy cerca de donde has tomado esa foto había alguien leyendo el "blog" que escribiste en Amsterdam y tú ni lo sospechabas.. no, la ciudad no son las catedrales del siglo XII, las casas en ruinas y las antenas parabólicas... la ciudad es la gente, cada uno de ellos es un mundo y una ventana a otros mundos, y cada uno, como dijo Walt Whitman, es una multitud.

MrMann dijo...

Post-Data:
en cuanto a la abundancia de mujeres embarazadas en junio y julio... bueno, no quisiera terminar con uno de los mitos de tu adolescencia, pero hay una explicación mucho más prosaica a ese fenómeno que el misterio que creiste ver: muchas mujeres programan sus embarazos para que el parto tenga lugar en verano y así enlazar el mes de vacaciones con la baja maternal o, como mínimo, hacer que el parto coincida con el mes de vacaciones de sus parejas y/o madres y demás familiares que puedan echar una mano.
A veces las cosas más extrañas tienen explicaciones muy simples... y las más anodinas esconden puertas a otros mundos... cuando hiciste esa foto de las casas que rodean la catedral de Huesca, ¿de verdad no te paraste a pensar que en ese mismo momento, en alguna de esas casa, alguien podía estar leyendo tu "blog"?

Carmen dijo...

Hola!
Aunque no viene a cuento del post, y es probable que no estés en esas fechas (semana santa), tengo previsto un viaje a Amsterdam en el mes de marzo. ¿No sería estupendo que nos viéramos las caras...?

Susana Aparicio dijo...

Oye MrMann, pues me has chafado todo el post... jaaaaaaaaaajaaaaaaaaaaajaaaaaaaaaa tampoco hacia falta que te tomases tan en serio "el misterio de las mujeres embarazadas", digamos que era a modo de introduccion...jaajaajaaa (y no sabes lo dificil que es hacer que el parto coincida con el mes de vacaciones de sus parejas y/o madres...)

Asi que eres de Huesca? y dime, te conozco? si no es así la proxima vez que me pase por Huesqueta quedamos a tomar un cafe y discutir el dilema de las "oscenses en cinta"... jeje ;o)

Hola Carmen! supongo que eres "la Carmen de mas madera" (el link de tu nombre no me deja ver tu blog). Me parece genial que nos veamos en Semana Santa! nosotros no iremos a ningun lado, aqui no nos dan vacaciones, así que si me pasas las fechas exactas quedamos en algo concreto para vernos :o) (mi correo: susana-aparicio@lycos.nl).

Un saludo a los dos!

Teresa dijo...

espero pronto pertenecer a esos "otros" que recorren las calles de Huesca, nunca la he visitado,me gustaría mucho. Y bueno, si vuelvo a Barcelona y me encuentro niños por allí pululando me parece que me da algo jejejej, por suerte formamos una pandilla de peter panes, aunque eso no impida que la montaña rusa siga su curso.
besos

Luc dijo...

Y yo pensaba que la ropa de la cabeza de la página estaba tendida en Amsterdam... :)

La ciudad de mi infancia y adolescencia es otra pero me pasa algo similar. Cada vez que estoy allí la ciudad se parece menos a la de mis recuerdos. Y me siento cada vez más extraño. Los niños crecen en golpes (un golpe al año). En la calle ya no se habla el dialecto de siempre sino una mezcla fea del dialecto y el neerlandés estándar (verkavelingsvlaams). Para mi siempre eran dos idiomas distintos, la una para la escuela y la otra para la familia y los amigos. Evidentemente, también hay cambios más agradables como los carriles bici que se multiplican, la vida cultural que hay y que atrae un turismo no sólo de playa, etc. etc.

Susana Aparicio dijo...

jajaja... me parece que en Amsterdam te meten una multa directamente si tienes ropa colgando en la fachada de tu casa, aqui esta regulado hasta la forma del timbre de las casas...(estoy exagerando eh!). Pero me parece que eso ya lo sabias... jejeje ;o)