jueves, enero 13, 2005

A la deriva


Foto: Natalie Schonveld

Pasean por la calle como barcos a la deriva, con ese ritmo acompasado tan típico de las barcazas pero que en su caso no es provocado por las olas sino por esas bolsas de plástico revosantes de todo tipo de objetos que los acompañan incesantemente. Cada cual lleva su propia historia en ellas y con cada una se podría escribir un libro. A veces me pregunto si revisando su contenido se podría llegar a adivinar algo de ellos... imposible, los objetos en sí no nos cuentan nada, son los recuerdos entorno a ellos los que nos podrían revelar su pasado y no decirnos nada acerca de su futuro porque ese es incierto, aunque quizás sea todavía más rutinario y predecible que el nuestro: entre tazas de café y botellas de cerveza, sentados en un banco del parque viendo pasar a la gente.

"A dónde irán con tanta prisa?" deben de preguntarse a veces, a la tarde, mientras miran a la gente pasar a toda velocidad junto a ellos, con los abrigos ajustados hasta el cuello. Y ellos, sentados en el banco, se ponen a fantasear con las casas donde alguien espera a esas figuras desdibujadas contra un fondo gris. Lo pensarán con añoranza o contentos de tener, en vez de ese lastre, la ilusón de una vida libre, sin ataduras?

Es así? -sigo pensando- todo el mundo necesita tener un lugar propio, muestra de ello son esas bolsas y carritos llenos de cachivaches que acarrea todo aquel que esta de paso, no les dará un cobijo pero si que forman su entorno, su casa: una casa sin paredes (pero eso si, yo desviaría mi barquito hacia el sur...).

3 comentarios:

MrMann dijo...

Yo sólo puedo añadir a esto una experiencia personal, que tuve con mi hijo mayor, cuando éste tenía tres años.
Estábamos en un parque y pasó corriendo un grupo de personas haciendo "jogging". Y él me preguntó: "¿a dónde van? ¿Y por qué van tan deprisa?"
Son esa clase de preguntas las que te hacen ver la vida de otra manera.
A veces es bueno mirar el mundo con los ojos de un niño.

Miguel Perez dijo...

Hace poco me cambié, los recuerdos asociados a tus cosas son las que hacen tu hogar.
Una planta me trae tantos recuerdos, que solo me basta ella para sentirme en casa.
Deberíamos hacer una pausa en el día, solo para ver que pasa.

Saludos!

Charito Piedra dijo...

estoy de acuerdo con Nicolás... a ver si recuperamos un poco la mirada de niños... para pararnos ante cualquier cosa pasmados y descubrir la vida a cada segundo, eso si prefiero no encariñarme mucho con cositas materiales que luego las pierdo, mi casa la llevo dentro.
besitos.